Edificación de un Nuevo Concepto de la Autoridad

El Nuevo concepto de autoridad
Si al principio no pudimos percibir lo que este nuevo concepto encubre, el Rey no tardó en darle cuerpo. Al inicio fundado bajo “la protección de los servicios públicos, de los negocios locales, de las libertades individuales y colectivas, bajo la preservación de la seguridad y la estabilidad, la gestión de la situación local y de la conservación de la paz social”.
En el seno de la administración territorial tiene por límites tangibles la asociación del espíritu casa de seguridad en la cultura de la empresa que representó la nominación de los Walis venidos de la tecno-estructura de la administración y del mundo de los negocios. Se expresa también, la voluntad de destilar en el funcionamiento del Estado de nuevas posturas y procedimientos, así como de introducir en el país nuevas maneras de gestión necesitando forzosamente de hombres nuevos. El movimiento acarrea de tras de sí el rejuvenecimiento de los equipos y su profesionalismo.
Los tristes atentados suicidas del 16 de mayo del 2003 en Casablanca harán tener miedo a los desaferrados autoritarios.
Los poderes públicos están obligados a ser más enérgicos y a hacer prueba de menos indulgencia respecto a lo que podría comprometer la autoridad del Estado al mismo tiempo que la paz y la seguridad pública.

Las cinco reformas prioritarias
Ya que el nuevo concepto de autoridad es claro, no es sin duda alguna que el Soberano había escogido el 10 de diciembre, aniversario de la Declaración de Derechos del Hombre, para reiterar sus objetivos: hacer de tal manera que la autoridad esté “al servicio del ciudadano, cercano a sus preocupaciones y a sus necesidades, entreteniendo una relación que no se caracterice ni por la tentación ni por el temor sino por el respeto mutuo y la complementariedad entre gobernantes y gobernados”.
Pensando de esta, el concepto encubre en sí los recursos capaces de contener los eventuales, derivados del cuerpo a cargo de su puesta en aplicación, y en el seno de las fuerzas vivas de la sociedad, de generar las protecciones necesarias de su buena ejecución.
En esta riada hacia la democracia, de hechos principales vienen a marcar el funcionamiento político del Reino y a prefigurar su futuro. La primera etapa consiste en la organización en 2002 y 2003 de las primeras elecciones legislativas y municipales indiscutidas en la historia de Marruecos. Fundad en la democracia participativa como un instrumento de promoción de la “libre elección de los ciudadanos y de la neutralidad positiva de la administración”, que hasta aquí todos los sufragios, la primavera democrática acompañada de la invitación hecha a los partidos políticos de tomar su propia reforma en vista de una democracia interna más grande. El impulso da lugar igualmente a la emergencia de amplios espacios de libertad inéditos, en los cuales florece una prensa plural que aporta un viento fresco del ejercicio periodístico.
La segunda etapa es la reforma de la Moudawana (Código de la Familia). Importante determinación en el proceso de renovación social, restituye por fin justicia a la mujer marroquí, la emancipa de la wilaya (tutela) y consagra el principio de igualdad de sexos.
La reestructuración del ámbito religioso viene enriquecer el tren de reformas. La operación ciertamente no es de las más fáciles en éste contexto de fuerte polarización de la religión, sin un medio de poner el Islam al abrigo de las corrientes de la desnaturalización y de la desviación.
La despolitización de la cuestión de identidad viene a completar este panorama. Mucho tiempo confinado en el espacio de los votos piadosos, la reivindicación amazigh conoce en su momento ser tomada en cuenta sin pretexto de la pluralidad de los confluentes del país, estando a cargo en parte por el Instituto Real de las Culturales Amazigh (IRCAM).
Hay finalmente la puesta en marcha de la Instancia de Equidad y Reconciliación. Destinada a arreglar el pasivo de la represión, el evento pertenece a la categoría de los eventos fundadores que hacen la historia del país. Se inscribe decididamente Marruecos en el ámbito de la democracia y deja transparentarse la aptitud del Reino de administrar con inteligencia sus conflictos y sus y tensiones.